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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Salto K - Millenium - Serra do Sol

Relato redactado para Aravak4x4 de nuestro último viaje del año:

Casi un año después de la Ruta Las Planetas – Bosque Nublado el team de offroad extremo de Aravak 4x4 emprendió una nueva aventura, visitar la Gran Sabana, pero no para el típico viaje, esta vez nos propusimos llegar al Salto K (Kae Meru), Millenium (Chirimata Meru) y Serra do Sol (Uei Tepui). Una de las rutas offroad más famosas de Venezuela.

El equipo conformado por dos Mitsubishi Montero Dakar y una Toyota Land Cruiser Burbuja Serie 80 (todos con winch y preparados para vadeos, pero sin bloqueadores) tomó carretera el viernes 31 de octubre de 2014 con destino Puerto Ordaz en donde se haría la primera parada para pernoctar. La mañana siguiente, después de degustar unas deliciosas cachapas y comprar hielo y las últimas provisiones necesarias arrancamos vía Gran Sabana el primer día del mes de noviembre. Hicimos la habitual parada en la Piedra de la Virgen en la que unos pidieron protección para el grupo y otros permiso para entrar a esta espectacular zona de Venezuela.

Nuestro plan inicial era pernoctar ese sábado en el Campamento Caliope Wari, ya bastante cerca de Santa Elena de Uairen, pero nos encontramos con el sitio cerrado. Decidimos ir al punto de entrada de la ruta y ver si podíamos quedarnos allí. Pasamos el portón de entrada a la trilla y poco más adelante conseguimos un sitio apropiado para acampar. No volveríamos a entrar a territorio del Parque Nacional Canaima hasta dentro de una semana.

El domingo 2 de noviembre salimos a la troncal 10 nuevamente con destino Santa Elena de Uairen para cargar combustible, reponer hielo y bebidas. Regresamos al portón de entrada de la ruta y esta vez seguimos de largo empezando, ahora sí, nuestra aventura.

Rodamos por la trilla y nos encontramos el primer paso de río. La quebrada se encontraba bastante baja y la entrada estaba repleta de barro, complicada sería la salida que presentaba una inclinación bastante considerable. La primera Montero y la 80 lograron salir no sin antes una buena patinada, la siguiente Montero tuvo que emplear su winch. Aquí empezamos a decir que unos bloqueadores de diferencial no nos hubieran venido mal. Más adelante un nuevo cruce de río con salida inclinada no perdonaría a ninguno de los tres vehículos, menos mal que tenemos una punta de eje, el mejor amigo en este viaje. Seguimos nuestro camino por la trilla. Llegamos a uno de los puntos marcados como encrucijada, decidimos irnos por la izquierda pensando que era la ruta más complicada y nos adentramos en la selva por la cual rodaron con relativa tranquilidad los chasis cortos, el chasis largo tuvo que maniobrar más para evitar los golpes contra los árboles. Finalmente vimos la Comunidad de Los Limas y nos percatamos de la entrada, una larga e inclinada subida que hacía parecer a las anteriores juegos de niños y para rematar precedida por una bomba de barro, el diagnóstico inmediato nos indicó que debíamos usar winch. Los copilotos rápidamente se desplazaron con la punta de eje y mandarria, se prepararon nuevamente los winches y pasamos lentamente uno por uno.

Llegamos al valle en donde se asienta la Comunidad. Asombramos a los niños con caramelos, verles sus caritas de alegría no tiene precio. Luego conversamos con los mayores y el jefe de la Comunidad. Nuestra condición de Asociación Civil manifiesta nuestro interés en nuestro entorno y como tal habíamos planificado una recolección y entrega de donativos para esta comunidad, el agradecimiento no se hizo esperar. Luego de una amena charla y hacer desembolso del derecho de paso proseguimos ya que teníamos que llegar al Salto K ese mismo día y la plaga, constante compañera en este viaje, apuró nuestra partida.

Luego de transitar la llanura que rodea a la comunidad cruzamos un río relativamente bajo y con una salida muy empinada pero corta, todos pasaron sin winch pero maniobrando con cuidado. Posteriormente empezaría el tramo infartante del viaje: la ascensión por las lomas. La trilla no era tan complicada, pero presentaba cierto grado de peligrosidad por la inclinación, tanto de bajada y subida, y por no tener montaña por ninguno de los lados, es decir, estábamos circulando por encima de las lomas, cualquier error podría traducirse en volcamiento y rodar hasta el fondo de la montaña. En este tipo de trilla el chasis largo de la 80 tenía ventaja sobre los cortos de las Monteros. Más adelante tendríamos los hitos fronterizos entre Venezuela y Brasil como compañía. La recompensa fue grande. Las vistas de la Sabana y el atardecer nos obligó a detenernos más de una vez para tomar fotos y simplemente maravillarnos por la naturaleza que teníamos ante nuestros ojos, siempre con el Roraima a nuestra izquierda. 5:30 de la tarde, desde bien lejos, teníamos la primera visual del Salto K.

Se hizo de noche en la trilla. Teníamos un buen rato rodando a buen paso cuando llegamos a la base del Salto K, pero allí no dormiríamos ya que la plaga es abundante en el sitio. Teníamos que llegar al campamento en la parte alta y para ello debíamos afrontar el último obstáculo del día, otra inclinada y larga subida. Punta de eje, winche y para arriba. Con la primera Montero tuvimos ciertas dificultades: primero, la punta de eje tratamos de reforzarla con una roca que finalmente se movió ocasionando que el vehículo se rodara para atrás varios metros ya que los frenos no podían aguantarlo. Después la guaya sintética se reventó y tuvimos que anudarla varias veces hasta que por fin aguantó. Luego de esto decidimos trabajar con pico y pala la subida facilitando un poco el trabajo con los otros vehículos. Vale la pena destacar que colocar la punta de eje, como pudimos notar, no siempre fue tarea fácil, teníamos que estar pendientes de que no se saliera con un copiloto y la mandarria lista al lado. Por fin llegamos. Esta noche tuvimos una visita inesperada al campamento mientras dormíamos: una manada de animales vino a observarnos. Un par de compañeros se despertaron y del susto se montaron encima de una de las camionetas sin saber bien que era aquello. Algún chistoso dijo: seguro es el chupacabras.

No sería hasta la mañana del lunes 3 que disfrutaríamos la vista del bello sitio al que habíamos llegado. Sin perder mucho tiempo desayunamos, levantamos campamento y salimos vía Millenium. Apenas salimos nos encontramos otro paso de río con una salida sumamente inclinada, casi una pared. Mientras un grupo se quedó observando que estrategia tomar, otro se dirigió por la rivera del río en búsqueda de un paso más sencillo y lo consiguió. Encontramos otra trilla que llevaba a ese punto y con bastante cuidado entrando y saliendo logramos sortear el obstáculo sin mayores inconvenientes.

Siendo ya mediodía tuvimos que detenernos por un detalle de mecánica que se resolvió rápidamente, aprovechamos para hidratarnos, estirar las piernas y bromear. Por ser un grupo de puros tipos que se conocen desde hace bastante tiempo la camarería, bromas y el relajo no se hizo esperar durante todo el viaje. Arrancamos nuevamente para encontrarnos poco después una bajada llena de grandes piedras, pensamos en lo “divertido” que sería de regreso.

Nuevo paso de río, esta vez mucho más largo que los anteriores ya que debíamos bordear la rivera por dentro del río para llegar a la salida, pasamos por allí con el agua hasta el capot. Luego de pasar el río nos conseguiríamos una bomba de barro en la que pudimos disfrutar un poco con nuestros vehículos.

Hacia las dos de la tarde nos topamos otro paso de río cuya dificultad estribaba en conseguir la entrada ya que había que bordear la rivera, pasando entre rocas y barro. Allí nos encontramos el primer vehículo abandonado del viaje: una Toyota Merú desvalijada que aún botaba fluidos. Presumimos que la camioneta trató de conseguir el cruce estando el río alto y se volcó.

Más adelante subidas y bajadas empinadas, en la mayoría de ellas el primer copiloto se bajaba para cerciorarse por donde era más seguro pasar. Nos encontraríamos a un pequeño grupo de ciclistas, ya de regreso, en el camino. Luego volveríamos a un estilo de trilla similar al de la tarde anterior, conduciendo por lomas en la frontera Brasil - Venezuela. Más vistas espectaculares con nuestro destino de mañana de fondo: Serra do Sol.

Faltando poco para llegar a Millenium, ya de noche, el último gran obstáculo del día, otro río. Hasta ahora era el río más ancho, pero como los anteriores, de relativamente poca profundidad. El problema estaba en la salida, luego de una inspección visual, y a pesar de que no era muy inclinada, la salida estaba destruida y llena de rocas, el uso de punta de eje y winch era imprescindible. Pasamos uno por uno a las 6 de la tarde ya a oscuras.

Poco más tuvimos que rodar para cruzar fácilmente el río que forma el Chirimata Merú y ver la choza del Millenium. Lo habíamos logrado. Armamos campamento fuera de la choza, preparamos nuestra cena y nos percatamos que teníamos visita nuevamente. Esta vez bien despiertos todos pudimos apreciar que era una manada de pequeños zorros. No teníamos idea de que podíamos conseguirnos a estos curiosos animalitos por aquí. Jugamos un rato con ellos alumbrándolos con las linternas cuando se acercaban.

Amaneció, ya era martes 4 de noviembre. Precioso lugar que ya podíamos apreciar. Nos bañamos en el Chirimata, desayunamos y mientras recogíamos vimos como se acercaba desde lo lejos una figura humana. Al llegar al campamento nos percatamos de que era un pemón. Nos observaba con atención con su escopeta en la espalda y machete en  mano mientras alguno de nosotros trataba de entablar conversación con él, era brasileño y hablaba muy poco de español y otros lo vigilaban a la distancia en caso de que se le ocurriera hacer algo indebido. Al final le dejamos algunos víveres y nos fuimos con destino a la base de Serra do Sol, Uei Tepui. Este trayecto fue sencillo ya que la trilla es plana. Llegamos al punto, nos sacamos la foto de rigor y regresamos a Millenium. Desde aquí había otra trilla que seguía rodando hacia el norte, acercándose cada vez más al Roraima y la triple frontera Brasil-Guyana-Venezuela. Decidimos adelantar nuestro regreso a Salto K ese día básicamente por dos razones: Según nuestros cálculos teníamos el combustible justo para regresar y el clima había sido benévolo con nosotros hasta ahora, la magnitud de algunos pases de río con un poco más de caudal pondría el regreso bastante más complicado de lo que fue la ida, si no imposible.

De regreso pasamos por el salto Morok y uno de los vehículos siguió para llegar al YuckRok y regresarse, todo esto aún cerca del Millenium. El camino de retorno al campamento del Salto K fue más relajado hasta que llegamos a la que anteriormente fue una bajada llena de rocas, en esa ahora subida todos golpearon sus vehículos por debajo (Gracias deslizadores) y la Montero que iba de primero tuvo que terminar el trayecto con winch debido a que uno de los acopladores se partió ocasionando que luego se tuviera que usar winch para salir del último cruce de río antes del campamento del Salto K. Dicho cruce de río la 80 lo hizo por la pared, contando el piloto como metió por completo la trompa de su vehículo casi verticalmente en el río. Se estresó un “poco”.

Esa noche la naturaleza nos hizo saber que hicimos bien en regresar, 12 horas continuas de tormenta nos acompañaron desde que salimos de ese último río hasta bien entrada la madrugada. No la pasamos bien. El sitio de acampada se convirtió en un cauce de agua, apenas pudimos preparar la parrilla que tocaba ese día. Algunos compañeros acusaban el cansancio acumulado y prácticamente no podían pensar. Todos dormimos mojados, algunos dentro de la camioneta por el frío, pero con cierto alivio al pensar que los ríos cruzados más temprano ese día ahora mismo serían intransitables.

Amaneció, ya era miércoles 5 de noviembre. Decidimos quedarnos ese día allí, había que reponer fuerzas, disfrutar el lugar y esperar que los niveles de los ríos que faltaban bajaran. Primera vez en el viaje que no levantamos campamento al día siguiente de llegar. Sacamos todas las fotos posibles, nos relajamos en la orilla del río, algunos subieron la montañita en donde hay una K hecha de piedras y dimos las gracias porque no llovió más. Se solventó el problema de acople de la Montero lo que nos recordó lo importante de ir preparados para eventualidades mecánicas.

Luego de un día para reponer fuerzas, el jueves 6 de noviembre volvimos a nuestra rutina de levantarnos, preparar desayuno, recoger y largarnos.

Lo que hace unos días era una subida con winch ahora era una bajada que se podía hacer con cuidado. Llegamos a la base del Salto K y nos dispusimos a tomar fotos, la prueba de que llegamos allí, siempre respetando a la naturaleza, llevándonos nuestra basura y sin abrir nuevos caminos. Hicimos los respectivos pasos de río, a veces necesitamos winch para salir, a veces no. Llegamos a la Comunidad de Los Limas cerca de las 3 pm y tomamos el otro camino, el que supuestamente era fácil. Rápidamente nos percatamos de lo equivocados que estábamos. Resulta que habíamos llegado a la comunidad por la vía fácil y acabábamos de tomar la vía complicada para salir de ella. Alguno planteó regresarnos, pero ya estábamos metidos en el lío sin posibilidad de retroceder así que tocaba trabajar. Este camino, a diferencia del otro, transitaba por una abrupta loma con subidas sumamente inclinadas y curvas cerradas, se había hecho costumbre en el viaje las subidas en las que los vehículos salían con las ruedas delanteras al aire, pero esto era absurdo. Dos horas nos tomó pasar ese punto. Con winch, poleas, cinchas, guayas y punta de eje se tuvo que bregar física y mentalmente, ya que los pilotos estaban dentro de los vehículos con un grado de inclinación cercano al límite empeorado por una gran roca en el camino en la parte más inclinada de la trilla. En algún momento durante uno de los pasos por dicha roca se deslizó un poco la guaya del winch y el grito de miedo que pegó el piloto no fue normal. Incluso se trabajó un poco el terreno en la salida con pico y pala.

Para poder salir de allí se tuvo que emplear todo el equipo de rescate ya que las guayas no eran lo suficientemente largas para el largo trayecto, así que se amarraron con cinchas y guayas de seguridad. Afortunadamente a la guaya que se había roto se le habían hecho varios nudos reforzados y aguantó bien el exigente trabajo.

Luego de superar este obstáculo, al que “cariñosamente” llaman la garganta del diablo, circulamos por subidas y bajadas, con acantilados a ambos lados, pero sin necesidad de volver a usar winch. Llegamos a otro punto, ya en bajada, en el que nos tuvimos que bajar a estudiar el terreno, ya eran las 6:30 pm y estaba totalmente oscuro. Un nuevo vehículo volcado y desvalijado al final de la bajada, una Autana, nos indicaba que debíamos tener cuidado, mucho cuidado. Copilotos abajo y a dirigir vehículo por vehículo por la menos mala de las trillas que allí se encontraban. No tuvimos contratiempos pero tardamos casi una hora en salir de allí, más de una vez los vehículos se deslizaron solos sin control por algunos segundos. Cuando llegamos al primer río del viaje tuvimos que detenernos. El nivel había subido bastante. No era prudente pasarlo en plena oscuridad así que decidimos acampar allí, acertada decisión.

Llegamos al viernes 7 de noviembre, primera vez que no alcanzamos nuestro objetivo del día, pero fue por muy poco. El nivel del río había bajado y no presentaba mayor complicación, sólo la salida (antes entrada) estaba llena de barro y podría echar broma. La 80 no pudo salir del barro sin ayuda, así que se usó el winch. Las monteros, gracias a su menor peso, pasaron por allí sin problema. Llegamos a la troncal 10 y nos dirigimos a La Línea para hacer algunas compras y comer algo preparado por alguien más por primera vez en varios días. Con suficiente tiempo para adelantar el transitar por La Gran Sabana pero poco para salir de ella decidimos acampar en un espectacular punto llamado La Guáchara ya en la parte alta de la Sabana y muy cerca de la vía. La luna estuvo espectacular ese día y la plaga, eterna compañera de viaje, esta vez era tan pequeña que atravesaba los mosquiteros.

El sábado emprendimos el recorrido en carretera vía Puerto Ordaz a donde llegamos sin problemas para regresar a Caracas el domingo 9 de noviembre luego de desayunar unas espectaculares empanadas.

Así concluimos una nueva aventura en Aravak 4x4, con la expectativa puesta en seguir recorriendo nuestro hermoso país en el 2015.

Para afrontar este viaje Grado 5, además del equipo respectivo es necesario hacer énfasis en:
Winch en perfecto funcionamiento en cada vehículo, es imprescindible, y sería deseable tener doble batería.
Bloqueadores. Este es uno de esos viajes en los que se justifica tener bloqueadores de diferencial.
Equipo completo de recuperación: cinchas, poleas, grilletes, guayas extensoras. Si pueden llevar equipo redundante, mejor, lo van a necesitar.
Pico y pala, al menos un juego para la caravana.
Preparación para vadeos.
Gasolina, mientras más puedan llevar mejor, los tres vehículos llevaron entre 2 y 3 bidones cada uno y no fue suficiente para completar los puntos más lejanos.
Protección para la plaga y el sol.
Alimentos e hidratación en abundancia, el viaje puede alargarse con la impredecible subida de los ríos.
Pastillas para los nervios, muchas partes de la trilla son de infarto.


Equipo (Instagram):
Burbuja: Juan García (@juagl), Carlos Macías (@elcacique01) y Diego Pellico (@diegopellico).
Montero Verde: Justo Torres (@justoto) y Alejandro Vargas (@alejosr4x4).
Montero Blanca: Faustino Ubiaga (@faustinoubiaga) y Felipe Izquierdo.